Estimados amigos y amigas, el paso de nuestras vidas por la educación, es una época especial, donde los recuerdos de nuestro compañeros nos hace sonreír y extrañar esos aquellos días de juegos y pocas responsabilidades. Para muchos no es tan especial, las clases en sí, ni el recuerdo de muchos profesores, sin embargo, fuimos marcados por algún profesor especial que nos cuativó, ya sea con su forma de ser o con la manera de seducirnos frente al conocimiento. Estos profesores, fueron para muchos los que determinan nuestro camino futuro, pues muchos siguieron lineas específicas que seguía la asignatura. Entonces aparecen los amantes de la Historia, del Lenguaje, de las Artes, de la Ciencia o de la educación Física. Personas que marcadas en cierta etapa de su vida, encuentran un sueño a futuro.
Lamentablemente, esos seductores de conocimiento son cada vez más escasos, sobre todo en el desarrollo científico, por tanto, estamos perdiendo miles de potenciales personas que podrían ser capaces de cambiar nuestra historia, de llevar a nuestro país hacia el desarrollo e investigación. Personas que cambien la realidad de nuestra sociedad de ser importadores de ciencia y tecnología.
Cuantos profesores de Química cautivaron a sus estudiantes? probablemente muy pocos, podríamos hablar de la Física, la Matemática, etc. Esto nos lleva a perder la oportunidad de generar Chilenos del Desarrollo, de hacer crecer nuestra economía, de otorgar logros y hacernos soñar. Quizá la solución está en enseñar a ser seductores de conocimiento a nuestro profesores, o tal vez, está en seducirlos a ellos.
En modo personal me gustaría soñar con estudiantes que busquen el saber con pasión, y que de cierta manera compitan con nuestros docentes, que sean capaces de innovar y soñar con un buen futuro.
Estoy seguro que somos capaces de avanzar a pasos agigantados en el mundo acelerado que nos toco vivir, pero esto significa que el positivismo sea una pensamiento general, sin tan solo pudieramos luchar todos por una meta común, que sea buena para todos nosotros, lograríamos cambios de verdad.










Top, excelente post eso se llama tener visión de futuro.
Saludos
Estoy contigo, Gonzalo en la identificación y descripción de esos seductores cognitivos. En mi caso se llamaron Jaime Velázquez (latín), Antonio Escribano (Lengua y literatura), Anna Massot (Química) y las hermanas Aurora y Lucía Casillas Zuzuarregui, en matemáticas y ciencias sociales respectivamente.
No estoy de acuerdo en que sea el avance científico el que haya hecho que dejen de existir estas figuras que tiza en mano nos descubrieron el mundo, nos pusieron los pelos de punta y a nuestro pesar nos sacaron de burros.
La extinción de los maestros, como tú y yo los hemos conocido la han provocado, creo, dos factores, más bien sociopolíticos:
1.- La educación como requisito: Ni tus hijos ni los míos sentirán en su puñetera vida que la educación que reciben es un privilegio y que haber entendido la diferencia entre temperatura y cantidad de calor les sirva para ver más lejos que sus compañeros. Para ellos la educación es un requisito y un profesor que en su pasión por lo que enseña les exija más de lo que su comprensión inmediata les permita no está enseñándoles, sino pasándose con ellos, poniéndole trabas de más en la superación de ese requisito.
2.- La dignidad mal entendida y la alergia a la autoridad: Fui educado en el principio de que tú, maestro y yo, alumno, no somos ni seremos en la vida iguales y de que el profesor ni rinde cuentas al alumno ni es responsable -aunque luego se tome la enseñanza como algo personal- de la dignidad de éste. Eso ya no existe. Preferimos otra cosa.
En esta zoociété à l'americaine, en que lo necesario no existe pero lo superfluo sobra y es gratis, la dignidad se manifiesta por una serie de complejos verbales independientes de la actitud con que se expresen. Alguien que te diga te respeto mientras te clava un cuchillo es más mejor que alguien que te rompa un brazo mientras te salva la vida. Hoy en día y de acuerdo al uso que copiamos tan acomplejadamente, un herrero no podría coger un pedazo de hierro, calentarlo al rojo vivo y darle de mazazos sobre un yunque para hacer con él una obra de arte inmortal, porque estaría mal.
Me explico: Si Velázquez me llamara hoy a gritos por el apellido, me expusiera delante del resto de la clase y me corrigiera ofendido un ejercicio mal hecho, no porque fuera incorrecto, sino porque estaba hecho sin ganas, lo que él consideraba un insulto hacia su persona, ¡más viniendo de un alumno tan brillante como usted, coño!, probablemente el consejo escolar, la junta de padres y hasta el propio claustro de maestros lo pondría en la calle, cuando lo que hizo no sólo es enseñar (mostrar) su asignatura, sino también educar (e-ducere: sacar, extraer, figuradamente de las tinieblas a la luz).
Para nosotros, que nos enamoramos de nuestros maestros, la enseñanza en sus primeros estadios tuvo mucho de autoritario: El número atómico del oxígeno es ocho y usted se calla. Hoy, en la era del tecno-paganismo y del igual-totalitarismo, a eso que llamas cautivación por los seductores cognitivos le llamarían simplemente Síndrome de Estocolmo.
Hoy, esos fantoches mediocres que elegimos cada cuatro años para que nos roben a cambio de hacernos sentir que importamos algo, prefieren que el profesor sólo muestre, porque el maestro, igual que los padres, que ustedes o que yo, no somos nadie.
Lo de educar es tarea de los padres, que están demasiado ocupados en mejorar o camuflar su estatus como para dar ejemplo de otra cosa. Miren con detalle la sociedad urbana norteamericana o europea y lloren, pero siéntanse respetados, dignos y burros por igual.
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Paulus de Best